Con la perinola se repartirán el poder…. Y el dinero
El reconocido periodista Ricardo Alemán aseguró ayer en su periódico, que no existe duda de que el gran derrotado en las elecciones del domingo será el PAN; pronosticó que caerá del primer lugar de votación en 2006 a un penoso segundo sitio, sobretodo si se toma en cuenta que detentan el gobierno federal.
Perderá un tercio de diputados federales.
Los semanarios Vértigo y Cambio aseguran por su parte, que el Partido Verde Ecologista tiene grandes posibilidades de desbancar al PRD de la tercera fuerza nacional.
Los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, asqueados de los chuchos, y decepcionados del debate que organizó y transmitió Televisa, sin la opinión siquiera del disque árbitro electoral (donde Ortega no tocó ni con el pétalo de una boleta electoral a Germán Martínez), ya andan diciendo que el 5 de julio se irá al camposanto el vendido PRD, ya que Clara Brugada llegará al gobierno de Iztapalapa, vía Juanito.
Además, dicen que con la llegada de Mario Di Costanzo, Alejandro Encinas y Porfirio Muños Ledo se garantiza “el movimiento.”
Nadie puede negar el triunfo priísta. Todo se acomodará para que regresen cómodamente en el 2012, después de que le arrancarán varias curules a la izquierda y a la derecha.
La chiquillada también está feliz: conservarán su registro el PSD, Convergencia y la franquicia de Elba Esther.
El PT crecerá de manera considerable.
Todas esas opiniones; deseos de unos y maldiciones para otros, las comprobaremos en la noche del domingo entrante. Quizá unos se equivoquen y existan sorpresas ¡Qué más da! Las preguntas son: ¿Qué ganaremos los ciudadanos? ¿En qué cambiará nuestra vida después de conocer los resultados oficiales?
Desgraciadamente en nada.
El modelo económico seguirá siendo el mismo. Los partidos políticos, seguirán haciendo de las suyas. Los líderes sindicales charros, seguirán engañando a sus afiliados y la corrupción seguirá su curso.
Por si fuera poco, se iniciará el camino a la siguiente elección, donde estará en juego la Residencia de Los Pinos.
Después de millones de spots y que el ventilador aventó el abono, las ideas, la esgrima mental y las propuestas para cambiar de rumbo se quedarán en los cajones, en los cubículos de los académicos y en las aulas universitarias.
Regresará la apatía y la inconformidad. Los nuevos legisladores harán como que representan a sus votantes, pero en realidad legislarán para su conveniencia personal y para llevar agua a su partido. Mientras tanto seguirán los despidos, los monopolios y la impunidad será el común denominador en todos los municipios del país.
Los nuevos gobernadores serán una copia fotostática de los que ya están instalados: utilizarán los recursos de sus empobrecidos pueblos para promocionarse, ya que las sirenas les empiezan a decir al oído que ellos son los buenos para suceder a Calderón. Algunos se lo creerán y otros participarán, por si acaso.
Los nuevos diputados locales y asambleístas se convertirán en soldados de su fracción y olvidarán a los votantes. Ellos nunca volverán a ver a sus engañados electores, sino dentro de 3 años, cuando se queden sin hueso.
Los nuevos ediles pactarán con sus patrocinadores y se comprarán rápidamente su suburban último modelo. Se encerrarán en su oficina donde únicamente entrarán sus cómplices.
El desencanto es enorme. Quedamos asqueados de los políticos y sus aburridas campañas. Quedamos cansados de propuestas inviables y sin sustento.
Desgraciadamente si anulamos nuestro voto no podremos enviarles el mensaje de que ya nos tienen hasta el gorro. Por eso, ni modo, tendremos que salir a votar.
¿Pero para qué ir, si ni estamos seguros que cuenten nuestro voto? Muchos sabemos que aquí en México se pesan, no se cuentan.
¡Qué tragedia! Según la legislación vigente, por más votos nulos y abstención, un solo voto a favor de un candidato es suficiente para su triunfo.
La gente siente encontrarse en un callejón sin salida, pues abstenerse de ir a la casilla o anular el voto es renunciar al derecho y obligación de escoger a quien será nuestro representante popular pero, insisto, el hartazgo en cuanto al empleo irresponsable del poder de la clases política es ya muy grande.
No, no será una fiesta democrática la del 5 de julio, sino una fiesta para los políticos, donde con la perinola se repartirán el poder: unos tomarán algo, otros se quedarán con menos, y unos arrebatarán todo.
¿O no?
gustavo@libertas.com.mx
30. Junio 2009 | Sección:
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