Polisueños
Soñar no Cuesta Nada
Pesadilla en Plena Vigilia.
No Apta Para Políticos Lirones.
En efecto, en la función fisiológica normal del reposo completo existe el hecho de que soñamos. Por mecanismos que a lo mejor no han sido clasificados lo suficiente por la ciencia, en algún lugar de nuestra mente se forman imágenes y sonidos en los que al parecer proyectamos nuestro subconsciente con lo que creemos vivir algunos sucesos y circunstancias inexistentes y absurdas.
Pero qué tal si en una condición de vigilia echamos a volar a la “loca de la casa”, como diría Santa Teresa aludiendo a la fantasía, y nos ponemos en un mundo irreal, hecho tal vez a la medida de nuestras ilusiones…
Algo de eso pudo ocurrirme y ¿qué creen? imaginé una política inexistente, fantasmagórica y de todo punto irrealizable, en que las nubes eran de dulce de algodón, sí, del que venden en las ferias. y aunque sabe muy dulce, en la boca se nos desbarata y desaparece. Los sueños, sueños son.
De acuerdo con ese duerme-vela pero muy despierto mentalmente, me hacía la figuración de que… los políticos eran honrados, decentes, intachables, dándose a la tarea de redactar una hipotética, enérgica y estricta reglamentación de sus funciones. Para principio de cuentas, desaparecían por completo los legisladores mal llamados de Partido y en las cámaras solamente entraban quienes hubieran sido “ungidos” por el voto popular, por los ciudadanos y ciudadanas, Nada más.
Luego, que en los órganos legislativos no había uno más de los controladores, coordinadores, líderes (“pastores”, hablando de sumisas ovejitas, mansos corderitos) por lo que cada “padre de la patria” (eufemismo cursi y totalmente falso) era responsable personal de su propio voto, de lo que expresara en tribuna, de sus propios actos como persona, sin fueros ni canonjías tanto en su función legislativa, como en su conducta personal dentro y fuera de su casa, en todo momento y lugar, pero muy principalmente en la Cámara que le correspondiera, o el oficio que se les asignara por elección popular, pues los “capataces”, líderes partidistas, delegados de su instituto político u otro “cacique” semejante o alguno de sus colegas parlamentario podría decirle “vota por aquí, habla por allá desde la tribuna, aprueba –o rechaza– tal o cual proyecto de ley o lo que llaman “punto de acuerdo”.
Rotundamente cada uno de los ridículamente denominados “padres conscriptos” sería, debería ser, un ejemplo de civilidad.
Pero todavía falta lo mero “prencipal” como diría el ranchero: en aquel mundo irreal de las fantasías quiméricas, los señores legisladores de mi imaginación, al hacerse cargo de su puesto como tales, abandonaban todo otro negocio, empleo, ocupación remunerada para vivir en forma exclusiva de sus DIETAS (“…retribución o indemnización fijada para los representantes en Cortes o Cámaras legislativas”. DRAE) y por lo tanto, no podrían cobrar ya honorarios por servicios profesionales particulares, ni siquiera como empleados o funcionarios de cualquier empresa o gobierno, ni dirigir o simplemente laborar en alguna negociación, propia o ajena; tampoco podrían recibir obsequios en metálico, y en especie sólo hasta cierto límite. (Suena eso muy drástico, rudo y quizá incongruente… Continúo en estado entre la catalepsia y la vigilia imaginativa).
su comportamiento en el foro legislativo, nada de mojigangas, botargas, disfraces y ridículos. Tampoco de letreritos, (pancartas, dicen ahora) ni mantas ni gritos desaforados. Lo que tenga que decir el legislador, que sea en buenas palabra desde la tribuna; las interpelaciones solo por medio del permiso de la presidencia.
¿Quién causa, ocasiona, provoca, tolera y saca provecho de ese real desbarajuste? Nada menos que los partidos políticos, por lo que soñé que nos deshacíamos de ellos, siquiera durante el ejercicio del poder, pues eso es lo que pretenden: el poder.
En mi divagación somnífera esos organismos de “interés social” solamente servían para proponer candidatos y en cuanto un funcionario de elección popular asumía su cargo, dejaba de pertenecer a estas o aquellas siglas, para servir única y exclusivamente a sus electores, que debían haber constituido mayoría absoluta en los sufragios a su favor y también mayoría (la mitad más uno) de los inscritos en el padrón electoralEn esa situación rotundamente hipotética, el ciudadano/a “ungido por el pueblo” No se debería al partido que lo “aventó”, sino a cada uno de los sufragios emitidos a su favor. Ergo, como dicen que dicen los filósofos, su compromiso moral, patriótico y legal sería con los ciudadanos en general, y estarían obligados a buscar y proteger el Bien Común y no sus apetitos o ambiciones particulares, personales o de grupo. ¡Ay, manito, estás bien deschavetado y fuera por completo de la realidad política que vivimos!
Pero, bueno, divagar no cuesta nada, y menos luego de una suculenta cena de Navidad o de Fin de Año, o tal vez consecuencia de un PANTAGRUÉLICO banquete…
Acabo de leer en el periódico que en un congreso político muy reciente, ciertas mujeres protestaron porque las denominadas cuotas de género daban ahí a las damas un porcentaje de 30 y a los varones nada menos que un 70%. Y ellas guapamente exigían un 50%. No, en mi sueño no había tal “cuota”, sino quien ganó, ganó, así sea femenino o masculino.
Repito. En aquel aquelarre somnífero que padecía yo, no había más que el VOTO para decidir quién ocupara un puesto. Y si en las boletas se marcaba o un tal Pancho o a una insigne Lupita, esos iban a ocupar el puesto para el que quiso la gente y NO lo que hubiese señalado una manejable o corrupta asamblea partidista o un execrable “cónclave”, o una “elección primaria” sea de correligionarios o de ciudadanos en general, todo lo cual va combinado con contubernios, cochupos, similares y conexos.
Y las sesiones… un presidente elegido entre ellos, sin ingerencia de partido alguno, sino por valores particulares de cada individuo, desde luego por su bien construida fama de rectitud, respeto a las personas, sean las que fueren; un profundo o al menos notable sentido de ecuanimidad, prudencia, energía y firmeza de carácter para mantener sus puntos de vista, fundamentados y sostenidos en la razón y en la sana argumentación lógica y profundamente humanística y humanitaria y consideren ante todo la búsqueda del BIEN COMÚN.
Concretamente todo eso se haría notorio y notable en las sesiones de trabajo. En los plenos, comisiones, comités de estudio y análisis, y demás ocasiones en que deba existir una cabeza rectora, un principio de autoridad, una mano suave y firme que imponga la disciplina y el respeto a leyes, reglamentos, usos y costumbres, cuando éstos deban tenerse en cuenta sin menospreciar a aquellos.
Ese idealizado personaje, el presidente de cámara, comisión, comité o grupo de legisladores exigiría a cada miembro una presentación adecuada en su persona, atuendo, estado físico y mental (libre de cualquier estupefacientes o alcohol).
En cuanto a la ropa, antiguamente, de Don Porfirio para atrás, era obligatorio a diputados y senadores que concurrieran de rigurosa etiqueta, con sombrero de copa incluido, (de las damas, nada; no podían votar ni ser votadas, y por ende brillaban en las Cámaras legislativas por su ausencia…) Pero de la Revolución para acá, aparecieron otras figura y figurines, con ropa supuestamente campesina, con sombrero tejano, chamarra brillante y lucidora, cinturón adornado y desde luego pistola al cinto y además, anillos y esclavas de oro, así como cadenas al cuello, del mismo metal. Se decía que “a esos ya les había hecho justicia la Revolución…”
Ahora soñé a los caballeros en sesión plenaria o de Congreso General, vestidos de saco y corbata, elegantes sin ostentación, algunos lucían un atuendo típico de su región de origen, desde luego dentro del país, pero éste debía ser “de gala” y nunca “de faena”.
En cuanto a las legisladoras, vestidas con recato, algunos accesorios de buen gusto y rotundamente sin trapos “sexy” (que no sé en que consistirán, pero se adivina su intención provocativa) ni tampoco de machorra exagerada o lesbiana vergonzante. El rebozo considerado típico de la mujer mexicana, era llevado junto con algún terno yucateco, veracruzano, oaxaqueño o regional.
Y las sesiones. En mi sueño serían de rotunda e inquebrantable formalidad. Lo que contaba ahí eran las ideas, razones, argumentos, conservando el orden estricto de oradores, interlocutores, procedimientos parlamentarios, sin gritos ni sombrerazos. Menos carteles o leyendas de la clase que fueren. Si había que argüir a favor o en contra de un proyecto, nacido o presentado por los medios y conductos que establece la Constitución, sin “cabildeos” de alcahuetes y “gestores” inaceptables.
El léxico, pleno de expresiones claras, nunca ofensivas, con absoluta corrección y urbanidad. Rechazada adecuadamente la, las alusiones indirectas o de doble sentido, todo ello a juicio moderador de los presidentes respectivos.
Algo de la mayor importancia y que volvería a mi plácido sueño en espantosa pesadilla. Dado que los legisladores gozan de un fuero constitucional, ninguno de ellos podría y ni siquiera intentaría hacer valer esa facultad para tratar de imponer algo durante una sesión parlamentaria, vamos, ni siquiera para fumar en el recinto o mingir, mear, orinar, hacer aguas menores en la vía publica, o escandalizar en estado alcohólico, borrachera, saturación etílica o de otro estupefaciente en la calle o en centros de diversión de cualquier índole, ni en fiestas particulares o sociales. Va en ello la honra del Poder Legislativo.
Igual se podría señalar el punto de las infracciones de tránsito, tanto como de cualesquiera otras faltas administrativas que cometieran, ya que ellos y ellas debían ser primeros en respetar reglamentos y leyes de la índole que sean. Aquel fuero debió haber sido cambiado, modificado o hasta suspendido, pues no estamos ya (se supone) en tiempos de dictadura o revolución cuando los cuartelazos, asonadas, alternancia en el poder por medio de la fuerza bruta hacían indispensable proteger a los legisladores boquiflojos y facciosos que caían en poder del “enemigo”…
ZZZ…
ZZZ…
ZZZ… ¡POP!
…y cuando RETORNÉ de aquel mi estado onírico – cataléptico a la más espantosa y cruda realidad…
Todo seguía como SIEMPRE…
Pero soñar no cuesta nada
21. septiembre 2009 | Sección:
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