Causaron polémica los restos de Cuauhtémoc hace seis décadas

foto: flickr
Antonio Aspiros
Ciudad de México, (Amex).- El próximo sábado el municipio guerrerense de Ixcateopan seguramente estará de fiesta; una fiesta que pudo haber sido de carácter nacional, pero la fecha pasará inadvertida para el resto del país, porque dos comisiones de expertos dijeron que los restos encontrados hace 60 años, no eran de Cuauhtémoc.
El 26 de septiembre de 1949, la maestra Eulalia Guzmán anunció el hallazgo de la osamenta del último tlatoani azteca en Ixcateopan, y dio con ello un sitio destacado en el mapa de México a esa población, que ahora rinde homenaje a la investigadora con una calle que lleva su nombre y en la cual se encuentra el palacio municipal.
Pero dos comisiones oficiales, nombradas para validar la autenticidad de los restos de Cuauhtémoc, fallaron en contra y, según testimonios reproducidos por los autores José Antonio Aguilar Rivera y Karl E. Meyer, “la hostilidad de ciertos periodistas fue vociferante”.
Según la declaración hecha por uno de los investigadores, “nos describieron como una pandilla de traidores y en varios periódicos llegaron al extremo de exigir que se nos fusilara”.
Muchos años después, una tercera comisión avaló aquel veredicto a pesar de que, durante una comida que en 1976 ofreció a sus integrantes el gobernador de Guerrero Rubén Figueroa, les dijo que “esperamos que hagan pronto su trabajo y digan que aquí está Cuauhtémoc para que puedan regresar a la capital, pero con cabeza”.
La advertencia fue citada en la revista ‘Arqueología mexicana’ por el maestro Eduardo Matos Moctezuma, miembro de aquella comisión, en tanto el Gobierno de Guerrero dice en su página oficial que en Ixcateopan “fueron exhumados los restos de Cuauhtémoc (…) aunque algunos estudios han puesto en duda la autenticidad de los mismos”.
Pero aquel hallazgo, que al parecer no fue de Cuauhtémoc sino huesos de ocho individuos y un cráneo femenino, “enmarcaba estupendamente la llamada ‘doctrina de la mexicanidad’ del presidente (Miguel) Alemán”, escribió José Agustín en su ‘Tragicomedia mexicana 1’ (Planeta, 1990), en un juicio que tiene consenso.
Al respecto, el maestro del Centro de Investigación y Docencia Económicas José Antonio Aguilar Rivera, consideró que si bien Cuauhtémoc tiene un lugar “indisputable” en el “panteón de héroes nacionales”, también tuvo “una peculiar función terapéutica” en la época del nacionalismo revolucionario.
En septiembre de 2001 la revista ‘Nexos’ dedicó su número 285 a “Los cuentos de hadas y la historia patria”, y Aguilar Rivera escribió allí que, mientras para el “nacionalismo oficial, revolucionario, xenófobo, indigenista, optimista y populista”, el rey azteca fue “una pieza central”, los conservadores católicos lo rechazaron.
Citó el caso de José Vasconcelos, para quien “Cuauhtémoc era sólo un mito inventado por los historiadores extranjeros y protestantes”.
En ‘El saqueo del pasado’ (FCE, 1990), Karl E. Meyer sostiene que, “por medio de la alquimia del tiempo, (Cuauhtémoc) se ha convertido en el símbolo nacional de resistencia al imperialismo europeo”, y “La controversia sobre la autenticidad de los huesos fue una disputa tanto política como académica”.
En 1887 el presidente Porfirio Díaz inauguró en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México un monumento a Cuauhtémoc, ante el cual la segunda comisión investigadora de los restos rindió homenaje al prócer azteca y más tarde dispuso que se le hiciera otra estatua en Ixcateopan, para que no pasara inadvertido el hallazgo cuya autenticidad rechazó.
El Gobierno de Guerrero menciona en su página virtual que la palabra Ixcateopan significa “aquí está tu señor de mucho respeto”, y en 1529 se le puso ese nombre al sitio que antes se llamaba Zompancuahuithli, cuando llegaron al lugar los restos de Cuauhtémoc y fueron sepultados “bajo los escombros del templo mayor indígena, donde se construyó la primera iglesia católica”.
Según testimonio de Blanca Jiménez, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, “a partir de los dictámenes adversos a sus investigaciones, (la maestra Eulalia Guzmán, 1890-1985) sufrió una especie de ostracismo intelectual que la relegó virtualmente del ámbito académico”.
Empero, “como muestra encomiable de su tenacidad, continuó con sus investigaciones en archivos”, escribió Jiménez en la revista ‘Actualidades arqueológicas’ de julio-agosto de 1997.
Todavía a principios de los años 70 iba a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia “con un voluminoso portafolios bajo el brazo y sus gruesas gafas, con un caminar cansado pero altivo, quizás sabiéndose todavía centro de una polémica que aún subsiste pero, también, con la conciencia de sus innegables aportaciones a la antropología mexicana”, refiere la investigadora.
Los restos de Cuauhtémoc son venerados no sólo en Ixcateopan, Guerrero, sino además en Candelaria, Campeche, y en Tenosique, Tabasco, municipios que también aseguran tener pruebas de que los restos que conservan, son los verdaderos.
7. octubre 2009 | Sección:
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