Conversaciones en San Jerónimo
Los acontecimientos del 2 de octubre –no se olvida- del 68, conocido como el tlatelolcazo, y el baño de sangre del Jueves de Corpus -halconazo- del 71, son dos de los hechos que marcarían a Luis Echeverría y a su gobierno, que ejerciera del 70 al 76, periodo en que tendría lugar otro episodio que también sigue en las sombras y la especulación: la guerra sucia, que según algunos denunciantes e investigadores, fue en daño de casi un millar de personas, entre asesinadas y –hasta el día de hoy- desaparecidas, no obstante los reclamos de familiares y de amplios sectores de la sociedad. No hay respuesta…El México del silencio y los complejos, de la reserva y los miedos.
Por ello a 41 años de distancia, el libro Conversaciones en San Jerónimo, cobra actualidad, en tanto las heridas no se cierren y las dudas no se borren. Los sucedidos no fueron cualquier cosa o incidente; son de vital importancia al igual que otros tantos que merecen la misma mirada periodística, ágil y aguda… Acontecimientos que cimbraron a la nación y que afligieron y lastimaron a la sociedad.
Mayor relevancia, porque al día de hoy existen nuevas generaciones de mexicanos –la del 68, la nuestra, sobrevive de esperanza ¿¿..!!-, de las cuales una no había nacido y la otra era de niños: En una anida la indiferencia y olvido y en la otra, desconocimiento y desinformación, misma manipulación que se ejerció con el correr de los veloces, violentos y aciagos días de esos 68 y 71, que quiérase o no, serán, en tanto siga la mudez, un baldón histórico para México, del que no se librarán los políticos y principales actores de la época, aunque la mayoría de ellos haya desaparecido…La sociedad señala y la Historia dirá la última palabra.
El fondo irrelevante, nimio, como fue el pleito en la Ciudadela, entre dos grupos de escolares de secundaria, se salió de control por la falta de sensibilidad de las autoridades y porque la soberbia, fantasmas y chismes, como hasta ahora, tenían un peso total en las políticas y decisiones de gobierno. De la incursión policiaca se pasó a la intervención del Ejército, en tanto crecían las versiones: conspiración política, comunistas, intervención de países extranjeros, imposición de extrañas ideologías, golpe de estado, etc…Sombras y fantasmas…
La inesperada explosión de la violencia, atrajo a decenas de reporteros, que fueron testigos de la cadena de acontecimientos, que cada vez fueron más impulsivos y que llevaron a las primeras planas de sus diarios y revistas, de todo el país. Los hechos están ahí, en las hemerotecas, al igual que las impresionantes fotografías –que dieron la vuelta al mundo-, testimonios de una represión dura, excesiva y exagerada, que sería silenciada al someterse los medios a los boletines oficiales y tirar al cesto de los papeles las notas vivas, reales, de los periodistas…No se diga de la televisión, que en una de sus informaciones dijo, que una refriega había dejado varios heridos, al repeler la policía un ataque de los estudiantes, con palos y piedras…En esos años la pauta de la información oficial, partía de la tv y la nota principal, la de 8, se la llevaba el presidente.
En la política domestica el tiempo ha sido la cura para los males que aquejan y las desavenencias que distancian a la sociedad. Para bien o para mal, antes de que el manto del olvido se lanzara sobre Tlatelolco y el Jueves de Corpus, aparecieron una decena de libros, en los cuales cada uno de los autores, da su versión y su visión, no exenta de emociones, de suyo entendible, pero que finalmente muestran un sucedido oprobioso, que es un pendiente o deuda, tanto para satisfacción de la nación manchada, como de la sociedad herida. Algunos de esos libros aún se ven por ahí, en la pila de los llamados, de viejo, conteniendo celosamente sus interrogantes: ¿Culpables?…¿Muertos?…¿Quiénes?…¿Por qué?…¿El helicóptero, las bengalas, los disparos provenientes del edificio Chihuahua, halcones, el Batallón Olimpia y la contraseña: ¡blanco, blanco!?…En el 68 las cifras oscilan entre 21 y 300 muertos y las del halconazo, entre 17-40. Misterio.
El 28 de marzo pasado, un Tribunal Federal, exoneró al ex presidente Luis Echeverria Alvarez, de los cargos y responsabilidad de genocidio. Legalmente el proceso ha sido concluido y cerrado. Resolución tardada por extraños designios, que no levantó la tormenta que alguien haya supuesto, pero que ha divido la opinión: *LEA fue un buen presidente que hizo obra. Fue un innovador, un estadista…*LEA fue un farsante, loco, demagogo, represor y asesino. Desconfianza y duda ante la certeza, legalidad y justicia del fallo, porque la sociedad ha perdido la credibilidad en gobernantes, autoridades e instituciones.
Salvador del Río, ha ejercido el periodismo a lo largo de 55 años, de los cuales más de 20 los dedicó a Excèlsior, El Periódico de la Vida Nacional, el bueno, como dijera su último director José Manuel Nava. Como otros tantos periodistas, estuvo presente en todos los acontecimientos del trágico 68-71 que ahora ha vertido en su libro Conversaciones en San Jerónimo, en el que recoge puntos de vista del entonces secretario de Gobernación, y ahora ex Presidente de la Repùblica, Luis Echeverría Alvarez. Dada la importancia y trascendencia de la edición charlamos brevemente con Salvador.
¿Por qué ahora el libro?
–Porque suscita interés, porque es un acontecimiento que es parte indivisible de la vida de la nación. El personaje es quizá un pretexto.
¿La intención es señalarlo culpable o se trata de justificarlo?
–Ni lo uno ni lo otro. Se recogen puntos de vista sobre un acontecimiento de la vida de México, que interesa a todos los mexicanos. Es una entrevista justa.
¿Qué aporta el libro, para los lectores?
-Contiene varios ángulos de los acontecimientos, como parte de una serie de mitos y prejuicios, que pueden ayudar a analizar una etapa importante de la vida del país y de su evolución. Tanto de los acontecimientos como de la nación.
¿Cómo despejar la duda que pesa sobre la verdad de los hechos?
–Hay una verdad histórica y una jurídica. Por eso lo escribí; para contribuir a esclarecer la verdad jurídica a partir de la verdad histórica y creo que en ello contribuye Luis Echeverría. Esto le dará mayor fuerza e importancia a la percepción de la opinión pública.
¿Los detalles, hechos, sucedidos, están de sobra manoseados?
–El libro no busca esa verdad. Las versiones ya abundan en reportajes, entrevistas, libros. Hay que ir a las razones profundas y no salirse del contexto en que se dieron o tomaron los acontecimientos. El tema está a debate aún. No existe una verdad única.
–Por ejemplo, Luis Echeverría llamó al diálogo y buscar soluciones, lo que inicialmente fue aceptado, pero a lo que los líderes del Consejo Nacional de Huelga, se opusieron y rechazaron la reunión.
–Pero en el libro hay más, mucho más, no sólo lo del 68….
Conversaciones en San Jeròmino: un pasado que aún tiene largo presente.
15. noviembre 2009 | Sección:
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