El petróleo, riqueza asediada

Rosa María Holguín
¿Cuánto vale la vida de los cinco mil soldados norteamericanos muertos en Irak frente a cientos de miles de iraquíes caídos por defender la soberanía de su país ante la intervención de la potencia más poderosa del mundo? Las declaraciones de un magnate petrolero exhibidas en el boletín Democracy Now, editado en Estados Unidos, son el colmo del cinismo. T. Boone Pickens dijo a los legisladores que Estados Unidos tiene “derecho” al petróleo iraquí dado el costo en pérdidas humanas y financieras que este país ha pagado por la ocupación de Irak.
En declaraciones ante el Grupo del Gas Natural del Congreso, Pickens criticó los planes iraquíes de abrir las licitaciones de yacimientos petroleros a empresas internacionales. Pickens dijo: “Los están abriendo a otras empresas de todo el mundo… Tenemos derecho a ellos (los yacimientos)… Incluso perdimos 5.000 compatriotas, 65.000 resultaron heridos e invertimos 1 billón, 500 mil millones de dólares”.
¿Habrá olvidado el señor Pickens que esa guerra la desató el ex presidente George W. Bush cuyo pretexto fue que durante el gobierno de Sadam Hussein, entonces presidente de Irak, poseía y fabricaba armas de destrucción masiva? Armas que nunca se encontraron, lo que no evitó que la gran potencia desatara la ofensiva y mandara a Sadam Hussein y sus colaboradores más cercanos a la horca. Casi siete años después de la ocupación de los Estados Unidos en Irak los enfrentamientos continúan a pesar de la promesa del presidente Obama de acabar con las hostilidades que terminarán seguramente cuando se apoderen totalmente de la riqueza petrolera de la región, como lo evidencian las declaraciones del señor Pickens. Cinco mil vidas norteamericanas tienen un precio infinitamente mayor a las más de 700 mil perdidas en una guerra impuesta. El costo deberá pagarse con la riqueza más preciada de Irak: el petróleo.
Irán también está en la mira, acusado de fabricar armas nucleares por los Estados Unidos, el país con mayor armamento bélico en el mundo. Nunca se ha perdonado a la Persia antigua la nacionalización del petróleo que logró el primer ministro en tiempos del Sha Reza Pahlevi, Mohammad Mossadec, quien luchó sin descanso contra los ingleses hasta recuperar su riqueza. Pero los ingleses no consintieron la incautación del patrimonio iraní y en conjura con la CIA dieron el golpe de Estado apoyados por el Sha, último emperador iraní. Mossadec fue hecho prisionero y encarcelado en su propia casa hasta el último día de su vida. Con el estallido de la Revolución Iraní en el 11 de febrero de 1979 el pueblo recuperó su patrimonio.
Y el conflicto en Afganistán también tiene fines aviesos, pues aunque no tiene petróleo está situado en una zona estratégica donde se pretende construir grandes oleoductos de distribución de gas y petróleo hacia Paquistán y cerrar el paso a Rusia. Pero se dice que esta intervención es para acabar con el terrorismo del que se acusa a los insurgentes talibanes y a las células de Al Qaeda, a las que pertenece Osama Ben Laden –sin que de ello se tenga una seguridad absoluta–; el terrorismo no se acabará nunca pues el odio y la venganza se retroalimentan con la intervención y los ataques de las fuerzas armadas norteamericanas y de otros países. El orgullo de estos pueblos no permitirá la imposición del gran imperio. Ni los muertos ni la destrucción los detendrán.
17. noviembre 2009 | Sección:
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