Propiedad
11. Noviembre 2009 | Sección: Cosas Veredes, En la Opinión de..., Mario Andres CampaSoy muy egoísta: has de saber que lo tuyo es mío y lo mío es mío.
¿Por qué nos adueñamos del mundo?
Somos ladrones de nosotros mismos, de los demás y de todo. Viene de raíz, de generaciones sin principios. Una escuela familiar muy a lo nuestro.
Aprendizaje desde el vientre materno. Es un constante machacar: “esto será tuyo”, “esto es nuestro”, “aquello no lo toques es de aquel”, “respeta, eso no es tuyo”, “cuídalo, te pertenece”, “protégelo”, “no prestes tus cosas”…
Se crece y se muere en el pozo, sin compartir. Hay temor de dar.
¡Que trabaje para eso estudió!
¡Inútiles, flojos, pobres!
Y el tobogán nos deposita en la propia sociedad que hemos creado.
Cada centímentro de calle nos pertenece. “Mi casa es más grande y más bonita que la tuya”. “Yo tengo y gano más dinero que tú”. “Yo soy más feliz que tú, Pero mi trabajo me costo…Es más, qué me ves”…
Vienen a la mente muchos ejemplos.
La gente convierte en gigantescos laberintos las unidades habitacionales. No se respetan las áreas comunales. Pocos son los que respetan. Otros hacen ampliaciones, se adueñan de jardines y estacionamientos:
“Es mía la casa y yo puedo hacer con ella lo que quiera, si los demás no lo hacen es porque no tienen dinero, me vale… yo no puedo vivir en este huevito, quiero y necesito más espacio… yo hago las modificaciones que se me antojen y al que no le guste, ¡qué…!
La imaginación no tiene límites. La estructura de las casas cambian, porque el hombre no cambia, ni cambiará. Surgen las gigantescas telarañas de alambre de púas en andadores, jardines y zonas comunales. El peatón tiene que cuidarse de no caer.
El material no importa, lo principal es “delimitar lo que es mío”, sin importar los demás.
Madera, fierro, lazos, piedras, ladrillo, cemento… lamento y tierra… “Yo tengo mi jardín”, “mi reja”, “mi estacionamiento”, “mi mujer”, “mi esposo”, mi… mi… mi…
Cercamos jardines. Criticamos los muros y construimos uno entre casa y casa. Entre hijos y vecinos cientos de muros somos nosotros mismos. No nos oímos. No nos hablamos, no nos vemos…
Vivimos destruyendo y construyendo nuestro propio muro de las lamentaciones.
No pedimos nada a nadie, ¿para qué? Lo mío es mío.
Y así vamos por la vida, grito y grito…
¡A mi no me den nada… tengo lo mío…!
¡Yo puras!..
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