Añoranzas Navideñas (I)
1. Diciembre 2009 | Sección: En la Opinión de..., Piscarote
Año de 2007
Enorme alegría por el Nacimiento del Niño Jesús
De San Francisco de Asís al panzón Santa Claus
Tiende el mercantilismo a desvirtuar todo
# Ya hay “pavito” para cenar
# Renace el bello Nacimiento
# Todos a romper las piñatas
# De lo sagrado a lo profano
# Santos Reyes, gozo infantil
# El viejo San Nicolás de Bari
# Yo me vestí para los niños
# Pastorelas, viejas y nuevas
# Al final, la sabrosa rosca
Añoranzas
Navidad
Por Piscatore, Pescadeiro y Jeque
Al alimón con J.deJ.Quezada.
Para Erika, Juan Carlos, “Curro” y
todos mis nietos, ¡y los que vengan!
”Esta noche es Nochebuena y mañana… ¡NAVIDAD!”. Y el alegre retumbar del cántico lleva profuso regocijo al mundo cristiano. Pues celebramos con enorme júbilo el Nacimiento de Jesús, que es nada menos que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Si, Jesús es el mismo Dios, encarnado como hombre en las entrañas purísimas de la Inmaculada Virgen María.
No se sabe en rigor histórico cuándo fue el feliz alumbramiento, pues en los Santos Evangelios solamente se dan señales de la época, pero no la fecha misma de la primera Navidad, pero los exegetas suponen que tal vez no fue en invierno, ni coinciden en el año…
Pero el hecho histórico ocurrió. Jesús vino al mundo y tomó la naturaleza humana según la Teología Católica, para la redención de la Humanidad.
Y este recuerdo de tal suceso produce una exultante manifestación en todo el mundo cristiano. “¡Hosanna en las alturas. Bendito es el que viene en nombre del Señor!”
Mas este regocijo no se celebra igual en todos los tiempos ni los lugares. Además de que cada raza, cada país, cada cultura, tienen sus formas particulares y hasta la propia liturgia de la Iglesia Católica modificó en varios modos el ceremonial, como fue la celebración de la Santa Misa en las diversas lenguas locales. En cuanto a la Navidad, los cambios fueron pequeños, pues se suprimió la abstinencia de carnes o “vigilia” como se dice corrientemente.
YA HAY “PAVITO”
¿Y en qué afectó esta modificación? Pues nada menos en que ya se pudo cenar guajolote, cócono, pípila (o pavo como dicen los catrines) o pierna de cerdo, o cualesquiera otras carnes.
Porque en “mis tiempos” (como decimos los “viejitos”) cuando yo era joven, la cena de Nochebuena podía tener lugar solamente para concluirla antes de la medianoche y eso sin incluir carnes que no fueran pescado.
Es por eso que el menú de esa noche, antes de las doce, incluía solamente comida de “vigilia” como el bacalao, los romeritos con su mole y sus tortitas de camarón, la ensalada de betabel y otras lindezas de la cocina mexicana… Y si al día siguiente íbamos a comulgar, el implacable ayuno eucarístico no nos permitía ni siquiera tomar agua… ¡¿Que les parece?!
Ahora, desaparecida tanto la “vigilia” como aquella prohibición de tomar alimentos –ni agua siquiera— para recibir la Sagrada Comunión nos permite la ley eclesiástica entrarle al pavito de marras, o a las chuletas, piernas de cerdo, de “pérdis” una piernita de pollo o un picadillo de res. Mucho después hubo reformas en el ayuno Eucarístico, con lo que la cena podría prolongarse (sin excesos, ¿eh?) y podríamos comulgar a cualquier hora del Día Santo de la Navidad.
RENACE EL NACIMIENTO
Dice la leyenda que a San Francisco de Asís, hacia el año 1200, o sea principios del Siglo XIII (él murió el año en 1216) se le ocurrió representar en una cueva la escena de Belén, con el Niño Dios en un pesebre, la Santísima Virgen María, San José, tal vez también los pastores y hasta dos animales, una mula y un buey propios de un establo y así tuvo su origen el Nacimiento con esculturas y otras representaciones artísticas (en España le llaman simplemente Belén) y que pronto se extendió por toda Europa y demás países cristianos, bajo la promoción naturalmente de los frailes franciscanos.
A nuestro país los hijos de San Francisco promovieron esa devoción y en tiempos de la Colonia aderezaban bellísimos conjuntos escultóricos pequeños, que eran visitados por mucha gente, pues se traían las imágenes de Europa, sobre todo de Italia, que era la fuente de la estética y la belleza hasta en las figuras religiosas, pues corría fama de que allá los imagineros eran de sensibilidad y eficiencia magníficas, tanto para representar los pasajes del Nacimiento como todos los personajes que su creatividad les sugería (pastores, ángeles, animales, hasta el diablo mismo o cualquier otra cosa de adorno, vinieran o no al caso).
Bueno, pues México se hizo independiente y aquí surgieron artesanos que atendían a esa hermosa rama de la religiosidad, como los famosísimos alfareros de Tlaquepaque, cerquita de Guadalajara, por lo que muchísima gente acudía a ese bello pueblo para dotar a sus Nacimientos de figuras apropiadas y no solo de magnífica factura, sino del sentimiento que ponían al elaborarlas, incluso ya con influencia prehispánica e indígena.
Mas dentro de nuestra turbulencia histórica, nos llegó la Revolución y con los cambios en el poder y el advenimiento de doctrinas exóticas, los gobiernos procedentes de aquel movimiento social de 1910, se incrementaron los iconoclastas (enemigos furibundos e intransigentes de las representaciones antropomorfas de Cristo, la Virgen María y los santos) que de grado o por fuerza intentaron desterrar, entre otras cosas religiosas, aquella saludable y cristiana costumbre de los Nacimientos. Desde luego que en muchísimas familias aquello se conservaba “a la chita callando” en infinidad de mansiones, residencias, vecindades, jacales y demás lugares (desde luego en los templos, catedrales, capillas y rincones hogareños) pero poco a poco fueron apareciendo en público las figuras navideñas del Niño Jesús en el pesebre; primero fue en las sucursales de los bancos, luego en aparadores comerciales y de pronto, en la Alameda Central de nuestra capital, las autoridades permitieron un enorme conjunto de figuras hechas de cartón-piedra, iluminadas de todos colores.
Y ahora podemos disfrutar de tales alegorías navideñas hasta en los festones de foquitos que en diciembre destellan en el Zócalo, Paseo de la Reforma, otras grandes avenidas y plazas públicas que con lo que se muestra que el espíritu cristiano que parecía subyacente, estalla jubiloso en torno al Natalicio de Cristo.
PASTORELAS
Desde siempre (desde que tengo memoria, pues) en las navideñas Misas de Gallo brotaba el cántico de“Vamos, pastores, vamos; vamos a Belén…” acompañado de panderos, silbatos, cascabeles y sonajas y algunos niños y jóvenes vestidos como se imagina nuestro folclore autóctono que pudieron haberse ataviado aquellos desvelados ovejeros de que nos habla muy someramente el Evangelio.
Y es que allá por los siglos anteriores a Cristo, el poeta Virgilio escribió como 30 años antes de la primera navidad, unas églogas o bucólicas (dice la enciclopedia) con temas campesinos; en una de ellas, la número IV, se hablaba del nacimiento de un niño que los críticos cristianos considera una premonición, un anuncio subconsciente, que se podría aplicar a Jesús. Claro, estas son suposiciones y fantasías, pues aquel bardo no pudo tener noticias ni por la Biblia ni los Profetas, de que Dios había ofrecido simbólicamente un Redentor.
De un modo u otro aquellas églogas pudieron servir de inspiración para nuestros escritores del Siglo de Oro de la literatura castellana, pues con muchas otras joyas, dieron a luz los Autos Sacramentales donde se hacía la apologética y la didáctica de la fe cristiana. En cuanto a la Navidad, se debieron escribir muchos de estos Autos en que se expusiera con simbolismos la Encarnación, Nacimiento, Pasión y Muerte del Señor Jesús.
Mediante ese oscuro trayecto, desde Virgilio hasta nuestros días, vinieron en el siglo XVI a la entonces Nueva España lo que venimos a llamar ahora las pastorelas, todas ellas sobre el tema de los sucesos de Belén, en medio de personajes de la Sagrada Familia y fantasiosamente el Arcángel Miguel, el mismísimo diablo, el ermitaño, los propios pastores, que se llamaban Bato y Gila, pero que en la actualidad tienen otros apelativos y ahí entran multitud de morcillas (nombre dado en el teatro a los añadidos que escritores y actores improvisan sobre la actualidad política de nuestra nación) y que dan a los diálogos pastoriles mucha gracia e ingenio, que confieren a la obra una inusitada bullanguería para risa y escarnio de la gente de actualidad, con regocijo del público el cual no va a ver solamente la escenificación del Portal de Belén, sino un reflejo caricaturesco de gente a la que conocemos en el ámbito político y social de estos tiempos.










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