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Añoranzas Navideñas (II)

14. Diciembre 2009 | Sección: En la Opinión de..., Piscarote
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Añoranzas Navideñas (II)

Año de 2007

Enorme alegría por el Nacimiento del Niño Jesús
De San Francisco de Asís al panzón Santa Claus
Tiende el mercantilismo a desvirtuar todo

# Ya hay “pavito” para cenar
# Renace el bello Nacimiento
# Todos a romper las piñatas
# De lo sagrado a lo profano
# Santos Reyes, gozo infantil
# El viejo San Nicolás de Ba
# Yo me vestí para los niños
# Pastorelas, viejas y nuevas
# Al final, la sabrosa rosca

Por Piscatore, Pescadeiro y Jeque

Al alimón con J.deJ.Quezada.

Para Erika, Juan Carlos, “Curro” y

todos mis nietos, ¡y los que vengan!

INOCENCIA PUEBLERINA

Es de recalcarse que en muchas pequeñas poblaciones de nuestra República se mantuvo siempre la tradición de estas representaciones, con un lenguaje libre, como estos versos escuchados durante los ensayos en algún pueblo de Jalisco:

Dice el diablo

–“Desde aquí me los estoy tanteando, pastores nalgas chorreadas..”

Contestan los pastores

–“Anda a tantear a tu madre, hijo del siete de espadas..”

Y así, con vocablos como “chin…, cab… pen…” y demás “malas razones” propias del folclórico parlar mexicano, pero con todas sus letras y en medio de una respetuosa ingenuidad, no exentas de albures, retruécanos y toda clase de groserías, sin que las damas de ofendieran ni los presbíteros se escandalizaran. (Decía mi mamá Conchita que “no hay palabra mal dada, siempre que no sea mal tomada”).

Bueno, pues ahora hay pastorelas con un lenguaje muy cuidado pero con sus migajitas de graciosa picardía, que tienen lugar en antiguos conventos y claustros, además de los teatros y carpas de costumbre. También hay una relativa progresión de este género, pues primero se presentaron en atrios de los templos pueblerinos, patios y plazas públicas durante las Posadas; hacia los años cuarentas del siglo pasado.

Un compañero mío de la A.C.J.M., el licenciado Enrique Ramos y Valdés, escribió una pastorela en verso, que tituló “El Príncipe de la Paz” y que se montó en los patios de una escuela, en una de nuestras posadas (también medio kermés) que organizaba la Acción Católica parroquial de San Cosme; ahí salió de “diablo” el “Flaco” Fernando Ortiz Paniagua, lo que fue una gran atracción, por su elevada estatura, su esbeltez y la gracia con que dio vida a su personaje.

PIÑATAS

Para mi y los de mi generación, la “piñata” era simplemente una olla de barro adornada con papel de china a la cual simplemente se le daban garrotazos a ciegas en las posadas, lo que hacía caer el contenido, que principalmente era fruta: cacahuates, tejocotes, cañas, jícamas  y todo lo que diera el presupuesto familiar. La impaciencia actual ha ido disminuyendo lo de la venda en los ojos, aunque los cánticos siguen siendo los mismos cuando cada chaval vendado de los ojos esgrime un garrote adornado para atacar la piñata:

“Dale, dale, dale;
no pierdas el tino,
mide la distancia
que hay en el camino…”

Yo consulté una enciclopedia y busqué “piñata” y me  respondió lo mismo, que era una olla panzuda de barro engalanada y llena de frutas, juguetes pequeños y dulces, que se rompía a garrotazos y que la palabra derivaba a del italiano pignatta que allá en la península itálica era un juego que se hacía en tiempo de Cuaresma. (Otra enciclopedia me dijo que en Europa esa diversión provenía desde la Edad Media).

Y por lo tanto aquella interpretación de que representaba “el mal y el bien” en lucha, y que los siete picos eran “los pecados capitales, etc. etc.” para mí que fue invención de un fulano, muy elegantemente vestido, que escribió sobre tradiciones mexicanas y fiestas folklóricas nacionales, pero que a mi ver tenía una imaginación desbordada y desbocada. Es más probable y posible la versión de que la piñata fue traída a México por unas monjitas para diversión en la parte popular de las Misas de Aguinaldo que se celebraban en el novenario previo a la  Navidad y que bien pudo devenir en las “posadas” .

Ahora nuestras piñatas se aprovechan también en fiestas infantiles de onomástico y de cumpleaños, amén de que se las considera objetos propios del folclor mexicano y los turistas  las llevan como “souvenir” o recuerdo de su visita a nuestra patria mexicana.

DE SAGRADO A PROFANO

Aquello que nació como parte de un rito religioso, que incluía el rezo de Santo Rosario (del cual quedan residuos como la Letanía con su canto del “ora pro novis” que veces es motivo de burla y de chacota) luego el canto para “pedir y dar posada a los Santos Peregrinos, para seguir, ya frente al nacimiento, con la oración correspondiente a la jornada de ese día o sea la lectura de la novena, lo que se acompañaba con los cánticos o villancicos como aquel tan popular que se entonaba después de pedir y dar “posada”:

“Humildes Peregrinos
Jesús, María y José;
mi alma os doy, con ella,
mi corazón también”

O aquel otro de

“!Oh! Peregrina agraciada,
¡Oh! bellísima María
yo te ofrezco el alma mía
para que tengáis posada…”

Pero ahora en la mayoría de esas reuniones Navideñas ya no se cantan y menos se rezan aquellas cosas, sino si acaso se rompe una piñata “para los niños” y… ¡al baile! Incluso se han inventado aberraciones como las absurdas preposadasque no son más que un pretexto pagano para el festín y el jolgorio en los antros y cabarés de lujo, sin que éstas tengan nada que ver realmente con aquellos Peregrinos y menos con el recuerdo del nacimiento del Niño Jesús y la Navidad propiamente dicha…

Bueno, el diablo busca cualquier pretexto para llevar el agua a su molino y convertir algo devoto, sagrado, místico, en pachangas pecaminosas y en muchos casos en verdaderas orgías, con abundantes libaciones y tal vez excesos sexuales. ¡Oh témpora, oh mores! ¡Cosas veredes, Mio Cid, que harán fablar las piedras!

AGUINALDOS

He aquí un ejemplo de algo que nació como una costumbre navideña vino a convertirse en ley. Sí, porque las Misas de Aguinaldo que menciono arriba llevaban tal vez la inclusión de un regalo o recuerdo, y este hecho, no confirmado, pudo determinar que se llamara así (aguinaldos) a unas canastitas o bolsas con “colaciones” que se obsequiaran a todos los asistentes, y después solamente a los niños, que acudían a las posadas.

Después se llamó así a la compensación económica que algunos patrones daban a sus empleados u obreros con motivo del fin de año. Mas la costumbre prendió a tal grado que si emitió una legislación oficial para que se considerara eso como una “conquista laboral” y legalmente obligatoria para TODOS los empleadores, sean del rango que fueren, y que consiste en quince días de salario cuando menos, bajo pena incluso de multas, debiendo entregarse tal dinero antes del 16 de diciembre, o sea cuando comienzan las posadas y ¡pobre de quien no cumpla! pues lo llamará la autoridad a cuentas –o eso al menos se supone—y será reconvenido y castigado económicamente.

Ahora bien, muchísimas empresas de todo tipo realmente consideran que los aguinaldos son un magnífico estímulo para los asalariados, quienes así se esmerarán en su labor, y así les dan más, incluso un mes de sueldo. Aparte están ciertos elementos sindicalizados en cuyos contratos colectivos se estipulan cifras mucho mayores, y en todos los casos, a quien renuncie y sea despedido, se le cubrirá la cantidad proporcional de ese aguinaldo por el tiempo que haya laborado durante ese año.  Y así fue como aquel agasajo navideño de dulces y golosinas, se convirtió en obligación legal, tasada mediante el salario cotidiano que se devengue. Eso es no bueno, sino ¡magnífico! ¿no?

MAGNA ILUSIÓN INFANTIL

¡Qué noche la del cinco de enero..! Los niños y alguno que otro muchacho grandulón esperan con ansia la llegada de los Santos Reyes, Melchor, Gaspar y Baltasar, los míticos Magos del Oriente que según cuenta el Evangelio, acudieron desde lejanos países a conocer al Niño Jesús, guiados por una estrella.

Y llegaron al portal de Belén para adorar al verdadero Rey de los Judíos, que era aquel indefenso recién nacido, al que adoraron como a Dios, pues esa es la revelación que habían recibido. Y abriendo sus cofres, obsequiaron a Jesús oro, incienso y mirra, como a un rey el primer regalo, como a Dios el segundo y como hombre mortal el último, pues con la mirra se perfumaba a los muertos. Y por eso los chamaquitos esperan esa noche del 5 de enero, que a ellos también un presente, aunque no sea de metal precioso, de perfumado sahumerio o de olorosa mirra. Muchos escribieron sus cartitas con antelación (yo las depositaba en un buzón postal)  y ahora las envían mediante globos de gas !y hasta por internet! aunque algunos pequeños optan, con ayuda de sus padres naturalmente, por llevarlas a los personajes callejeros que antes en la Alameda Central, y ahora (2007)  en el Monumento a la Revolución, se visten de “santos reyes” y casi obligan a adquirir fotos con los propios chamaquitos, aunque algunos de esto chiquilines se espanten con los tales monigotes.

Colocan pues en la noche convenientemente sus zapatitos o lo que tengan, huaraches incluso, para señalar el lugar donde los singulares monarcas (Sus Majestades, como les dicen en España) pongan su cargamento de ilusión infantil, según sea la capacidad económica de la familia.

Los escuincles y las chamacas casi no duermen en aguardar impacientemente el privilegio de tratar de mirar a los celestiales mensajeros, pero la habilidad de los padres casi siempre consiguen que los chavales no descubran el momento del arribo de los Magos.

Y así cuando los “huercos” despiertan, que es muy de madrugada, acuden al sitio donde dejaron su chancla, a veces junto al árbol de Navidad o un sitio similar, y cuando los mayores “recuerdan” (sí, es un regionalismo folklórico para decir que se sale de dormir o se despierta) los “bodoques” o “enanos” (no me gustas estos términos para aludir a los infantes, pues me parecen denigrantes y casi ofensivos) ya madrugaron y descubrieron qué les llegó del cielo, y con más o menos munificencia los premió su suerte.

En España o en Italia los chavales que se portaron mal encuentran en vez de regalos, trozos de carbón, pero los confiteros  encontraron la manera de hacer deliciosas golosinas con forma del mismo combustible sea mineral o vegetal, y así hasta los malcriados tienen algo sabroso para endulzar su falta de obsequios.

La Biblia, concretamente el Nuevo Testamento, no dice cuántos eran esos Magos y ni siquiera dice que fueran reyes; eso despertó la fértil imaginación de historiadores, novelistas y sedicentes narradores, incluidos quizá los anónimos autores de los Evangelios Apócrifos.

Por ejemplo, San Beda, “el Venerable”, monje inglés que vivió allá por el siglo cuarto, dijo en sus escritos que “eran doce”, aunque otros afirmaban que eran cinco o cualquier otro número que se les ocurría, y así por el estilo, pero después, aquellos imaginativos amanuenses tranquilamente inventaron que formaban un trío, supuestamente por los dones que ofrecieron a Jesusito que fueron oro, incienso y mirra y hasta con sus nombres, pelos, razas y señales, para incluir un “negrito” (sin el afán de ofender a nadie), uno francamente rubio (ario pues) y el otro de tez morena o cobriza,  denominándolos Melchor, Gaspar y Baltasar.

Hasta la Iglesia les colocó el título de Santos, con unas peregrinas y fecundas historietas en que uno de ellos fue obispo católico (¿usted cree?) y hasta de mártires cristianos los hacen; construyeron entonces una basílica donde supuestamente están sepultados los restos de los tres, y va mucha gente, turistas ingenuos incluso, para venerarlos. Lo del camello, el elefante y el caballo fruto es también de la fertilidad fantasiosa y fecunda de aquellos escribidores, que tal vez reproducían sermones o escritos de buenos (en el sentido despectivo) monjes u otros clérigos, que con magnífica intención y tratando de exaltar su parroquia o su país, creaban infundios que con el tiempo pudieron convertirse en “verdades” de muy difícil o imposible verificación.

Pero ahora… aparece en la escena Navideña alguien de moderno cuño, de origen ciertamente histórico y legendario, pero en estos tiempos muy mixtificado, falsificado profundamente deformado y que lo utiliza, el mercantilismo consumista y no es más que simplemente…

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