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¿Levantamientos en 1810, 1910 y 2010? ¡Felices pascuas, por lo pronto!

15. Diciembre 2009 | Sección: Artículos
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Lucha de independencia

Lucha de independencia

Antonio Aspiros

Por estas fechas estamos ya en la antesala de 2010; bastará con unos días de paciencia, por las multitudes en tiendas y restaurantes, tránsito más difícil, estacionamientos atestados, gastos desproporcionados, fiestas ordinarias a las que muchos llaman “posadas” -que también las hay- y las dos grandes reuniones, generalmente familiares, de 24 y 31 de diciembre, para llegar al año en que México recordará el primer centenario de su Revolución y dos siglos del inicio de su guerra de Independencia.

Sin duda habrá festejos llenos de fervor, tales como desfiles, inauguraciones, recepciones con pomposos invitados, discursos patrióticos y actos culturales, parecido todo a lo que vivieron nuestros antepasados en 1910, pero también continuará el debate acerca de qué vamos a celebrar, pues la independencia como la entendíamos se volvió relativa o casi inexistente ante la globalización y la desnacionalización, y los motivos de la gesta revolucionaria siguen ahí.

Continuará también la ofensiva de quienes cuestionan la “historia oficial”, no siempre con ánimo de remontar los maniqueísmos, sino para tratar de reivindicar a los derrotados en la lucha entre liberales y conservadores, y reposicionar sus causas y principios aprovechando que hoy la derecha ideológica gobierna (¿gobierna?) al país.

Durante 2009 muchos asumidos profetas consideraron que si en 1810 y 1910 hubo levantamientos armados en suelo patrio, en 2010 se podría repetir la experiencia, una hipótesis que otros apuntalaron con la advertencia de que México estaría cerca de un estallido social a causa de las calamidades actuales, entre ellas inseguridad, creciente empobrecimiento y una administración federal que no satisface las expectativas.

Al responsable del Poder Ejecutivo le fue tan mal en este año, que muchos interpretaron tanto sus actos y dichos públicos, como los resultados insatisfactorios de su gestión, los riesgos de ello para el país y los trascendidos sobre una supuesta inestabilidad emocional en su persona, como avisos de que incluso podría no terminar su sexenio.

Y frente a los augurios más radicales -un levantamiento o un relevo del timonel- están las muchas voces que han planteado, como inevitables, desde ajustes cosméticos para la coyuntura, hasta la refundación del Estado, pasando por reformas que lleven a un cambio de modelo o por lo menos a una solución de consenso que destrabe lo atorado. Ya el Ejecutivo anunció que hará propuestas al Congreso para diversas reformas, pero sabemos también cómo les ha ido de mal a sus iniciativas anteriores.

Otro planteamiento que fue abierto es en torno a qué tipo de país queremos o necesitamos. Se escucharon voces de analistas que pusieron como ejemplo a seguir, a naciones como Brasil por su desarrollo creciente, a España por su solución política del Pacto de la Moncloa, y aún a Francia que refundó cinco veces la República en busca de cambios, pero aún si México lograra una fórmula ecléctica con esos modelos, tal vez no sería la panacea: Brasil vive con fuertes desigualdades e inseguridad; España pasa por uno de sus peores índices de desempleo, y Francia transita entre huelgas y crisis políticas.

Además, México optó a través de sus gobernantes por copiar y plegarse al esquema estadunidense, con ataduras difíciles de deshacer y con todas las consecuencias al parecer más malas que buenas, que ello implica.

Pero, de que algo va a cambiar en México, pronto y por cierto consenso, o bien por efecto de la presión social, nadie parece tener duda, si bien pocos apuestan a que las diversas fuerzas capaces de encontrar una solución negociada y pacífica lo vayan a conseguir, ya que tanto los poderes formales como los llamados poderes fácticos (la oligarquía, el crimen organizado, las televisoras, los grandes sindicatos, el clero político, las transnacionales, etcétera) responden a visiones e intereses que nada tienen que ver con la patria, sino con sus propios afanes crematísticos, ideológicos, hegemónicos, políticos o dogmáticos. ¿Dónde estarán los patriotas?

Andada apenas la mitad de un sexenio que ya le pesa al Ejecutivo, y con el poder político factualmente transferido de éste a los gobernadores, los alcaldes y los cabilderos con influencia sobre los legisladores, al pueblo le queda entre otras alternativas la de seguir aguantando y gritando “¡Viva México!” en los actos por los centenarios a conmemorar en 2010.

Que tengan ustedes felices pascuas en este diciembre.

Publicado en Revista Libertas # 273, p. 14

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