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Operación Limpieza

22. Diciembre 2009 | Sección: Carlos Ravelo Galindo, En la Opinión de..., En las nubes
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En efecto así se llamaba el convenio que virtualmente suscribieron autoridades del Estado de Morelos con el cártel de Arturo Beltrán Leyva para erradicar de la entidad a toda clase de delincuentes ajenos a los narcotraficantes. Algo similar, creo, al que existió en San Pedo Garza García, Nuevo León, y que nunca negó alcalde Mauricio Fernández.

Claro que era a cambio de que el poder oficial cerrara los ojos, la boca y los oídos ante el tráfico de estupefacientes. Obvio que mantuvieran también abiertas ambas manos para las gratificaciones en dólares.

No sabemos cuánto tiempo duró este trato, que trascendió hasta la muerte del Jefe de Jefes Beltrán Leyva en Cuernavaca, Morelos., hace unos días, a manos de Marinos, no de soldados, ni de policías federales o municipales.

Sin ningún anuncio espectacular, al que tanto acostumbra don Felipe Calderón, pero que, sin quererlo, advertía a los narcos.

(No olvido que el propio almirante Secretario de Marina, al fallar una operación previa al enfrentamiento con Beltrán Leyva, por haberla hecha pública, pidió a las “altas” esferas guardar silencio)

Beltrán Leyva ofreció a las autoridades, a través de la “operación limpieza”, un comando para erradicar delincuentes comunes y corrientes. Es decir, violadores, homicidas, asaltantes, secuestradores, robacoches, que cumplió, dicen, cabalmente.

Cuernavaca, la ciudad comenzó nuevamente a ser de la eterna primavera, a la que estaban acostumbrados sus vecinos hasta que, por desgracia, apareció el pan, el partido, y con él mil calamidades, como nos hemos enterado, a través del tiempo. Ocurrió que al pasar los días se encontraron en la entidad con sendos mensajes atados al cuello decenas de ejecutados y que, según la autoridad oficial eran delincuentes.

Nadie suponía que se trataba de la “operación Limpieza”, sino que la policía, ahora en manos del pri, en el Municipio, no en el Estado, desquitaba su salario. Lo ganaba pero de ambos lados, el oficial y con el narco. Solo tenían que fingir su entrega al trabajo, hasta que la Marina, descubrió el convenio y acabó con él.

No sabemos si hubo detenidos de ambos lados. O de otros funcionarios encumbrados. Solo de la muerte de los “señores de la droga”, y del sepelio del jefe de jefes, en Sinaloa, con bombo y platillo según los medios de comunicación.

Cómo es posible que una autoridad pacte con delincuentes, narcotraficantes o lo que sea, para mantener la limpieza de otros hampones en la entidad. Que renuncie a garantizar la seguridad y la entregue en concesión al capo en turno.

Cómo se permite que alguien sea crea con poder para decidir sobre la vida de los demás y delegarlo a sicarios para el ajuste de cuentas.

Preguntaría, no obstante que el Gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, aceptó que el crimen organizado infiltró los cuerpos policíacos y ministeriales en Morelos, si acaso las autoridades federales, concretamente la Secretaría de Gobernación, tenía idea de esta aberración nacional.

Más aún me gustaría saber con cuántas autoridades de las 32 entidades federativas del país se firmaron tales convenios, acuerdos o contratos, como ocurrió en Nuevo León, también.

Pero sobre todo, que se va a hacer si la autoridad establecida legalmente deroga sus facultades en delincuentes para que hagan su trabajo a sangre y fuego, como lo vemos constantemente a todo lo largo y ancho de la Nación.

De qué vale que nuestro primer mandatario califique como enemigos de la Patria al narcotráfico, al crimen organizado y advierta que en su combate no habrá tregua ni cuartel, para que el estado de derecho prevalezca sobre la acción violenta, arbitraria y cobarde de los criminales, si como afirmó el presidente de la Corte, hay 70 mil ordenes de aprehensión sin cumplir.

Es como si la Santa Iglesia amenazara con excomulgar a todos.

Vaya mientras no veamos acciones como las que llevó al cabo la Secretaría de Marina, sin alardes previos y menos declaraciones frívolas, todo será como las llamadas a Misa. Menos voces de triunfo; más acción contra quien lastima a la sociedad y nos quita la paz y la tranquilidad.

Pero sobre todo cuidar a quienes participan en los operativos, y a sus familias. No vaya a ser que los hampones quieran vengarse en ellos, con los que cumplen, a secas, con su deber.

carlosravelogalindo@yahoo.com.mx

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