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Uvas del Año Nuevo

30. Diciembre 2009 | Sección: En la Opinión de..., Piscarote
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Cada año, en el cambio de calendarios, desde hace poco tiempo, nos endilgan en la cena del 31 de diciembre, una supuesta ceremonia en que los comensales deben ingerir doce uvas, una por cada uno de los meses que se inician.

Es una acción de la cual no se nos indica la razón, el motivo, la explicación de tal acto, por lo que yo considero que se trata francamente una supuesta ceremonia supersticiosa, o casi, en que se invoca a una supuesta buena suerte para el ciclo anual que se inicia.

En tal acto, se dice, cada persona debe deglutir una fruta de la vid, por cada campanada que produzca un reloj público o privado que nos dé la hora. No se dice ninguna plegaria o invocación a la Divina Providencia o a algún santo o advocación cristiana. Tal costumbre no parece tener orígenes religiosos, pues tampoco se invoca a otra figura de la tétrica teogonía pagana.

Lo significativo es que tal ceremonia de comer las famosas doce uvas tuvo su origen en Madrid, capital de España, no hace muchos años.

Y es que en la Península Ibérica hubo una sobreproducción de uvas de mesa que los comerciantes no sabían qué hacer con esa fruta de la vid. Algún mercadotécnico (supongo) discurrió vender esas uvas en cucuruchos a la multitud que concurría a la Puerta del Sol, para esperar aquellas doce campanadas del legendario reloj de esa plaza.

¡Y la añagaza mercantilista prendió! Y a tal grado, que al menos en México, ha encontrado eco en las Cenas Navideñas y en el menú, los restaurantes de categoría mediana para arriba, anuncian que los comensales tendrán las famosas uvas y en los mercados populares, los fruteros hacen acopio de esa deliciosa fruta para los hogares de mucha gente.

Yo no tengo noticias de que en mis años infantiles o mozos se hablara de tal uso, ni cosa parecida; sí existía desde entonces o mucho antes, la bendición de doce velas, el día último del año, que debían ser encendidas una cada día primero de mes, en cuyas ocasiones se invocaba a la Divina Providencia con una plegaria que se iniciaba así:

“Tu Divina Providencia se extienda en cada momento, para que nunca nos falten CASA, VESTIDO Y SUSTENTO”

Con el tiempo, esta invocación creció y algunas familias añadieron “…SALUD…”, y otros agregan: “…El Santísimo Sacramento en el último momento…”

Bueno, esto es en el mundo cristiano, o lo que de él quede, pues en derredor se han suscitado acciones francamente supersticiosas, en busca de la “buena suerte, el amor, la prosperidad y la buena vida”.

¿No es ridículo eso de vestir ropa interior de color rojo? Nada tiene de significativo eso. Tampoco el hecho de salir a la calle con velices y petacas vacíos, para “viajar mucho durante el año que comienza”, igual nos suena como absurdo y sin que haya una lógica entre la acción y el supuesto objetivo. Pero siempre habrá gente que por superstición sea capaz de lo que le indiquen, cosa que generalmente carezca de sindéresis o de simple lógica.

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