Bulimia
22. Enero 2010 | Sección: Cosas Veredes, En la Opinión de..., Mario Andres Campa“Ahora entre más dietas
hago estoy más gorda”.
Dietas, terribles castigos corporales.
Hay una gran verdad: el cuerpo se adapta en un periodo de tiempo relativamente corto a la reducción de alimentos.
Vienen las dietas.
Sin ton ni son nos lanzamos a la cruel aventura. Ninguna dirección especializada. Así, al “a ver qué sale”.
-”¡Ay, total es sólo una dietita”.
Y después, el engaño de años y años de sacrificios se convierte en un temor y en una terrible amenaza. Terrible ataques de hambre canina y… a devorar todo lo que está al alcance de la mano.
Aquella intención para bajar de peso se convierte a partir de ese momento en una orgía de glotonería inevitable.
Una mujer cuenta:
“Comer y vomitar se convirtieron en mí, en algo relacionado directamente. En mis peores tiempos vomitaba cuatro o cinco veces al día, me sentía al borde de la muerte. Agotada, débil, vacía, perversa, repugnante y sólo sentía por mí asco y odio y todo ello en un aislamiento total”.
Pero veamos el problema desde su origen.
Bulimia del griego bous, buey y líos, hambre (hambre de buey), supone una alteración patológica entre ayuno y glotonería.
Bulimia significa: ataques imposibles de controlar de hambre canina y verguenza del concernido, debido a su supuesta perversión.
Bulimia significa también: periodos de comidas regulares, “periodos de ayuno”, en la mayoría de los casos bajo el dictado comprimido para dietas y laxantes -hasta que se presenta el próximo ataque de hambre canina-, y así, el terrible círculo vicioso de una enfermedad sicosomática.
La investigación en este campo se encuentra en pañales.
Es alarmante, pero es bueno saber que una de cada cinco jóvenes sufre de síntomas de bulimia. La edad media de los pacientes va de los 18 a los 20 años. La mayoría procede de la clase media superior.
Los especialistas aseguran que “los enfermos de bulimia se sienten especialmente preocupados por su figura, a pesar de que objetivamente no exista el menor motivo para ello. Pero el pánico a la obesidad parece empujarlos a medidas radicales que un día provocan las primeras experiencias de hambre canina”.
Los pacientes de bulimia tienen un sentido de valor personal inferior a la media de la población. Sufren sicosis de ansiedad y desazón depresiva y se ven confrontados frecuentemente a conflictos con el compañero o la familia.
Los bulímicos convierten el ideal de la esbeltez en un deber de esbeltez, hasta el vómito.
El profesor Pudel comentaba alguna vez:
“Esta manía de esbeltez, persistirá seguramente por lo que temo que la bulimia seguiriá extendiéndose. Habría que meditar si las exigencias sociales no implican un precio excesivo.
Lo más triste es que no saben los enfermos que están enfermos.
Los bulímicos consideran la enfermedad como glotonería incontrolada, por lo que se creen perversos.
Es por eso que los pacientes de bulimia llevan una vida, con frecuencia durante años, que odian y les repugna.
Afortunadamente todo esto no ha llegado a los límites de peligro, pero sí puede ser una llamada de atención para todos aquellos que, sin control, llevan dietas terribles.
¿Quiere usted estar en línea?
La solución está en un especialista. No le haga al doctor ni se pase de vivo.
Recuerde que hay que comer para vivir y no vivir para comer.
¿O usted qué opina?
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