La antipatria
26. Enero 2010 | Sección: ArtículosOthón Villela Larralde*
Comenzó a correr el esperado año de 2010 en que se cumplen doscientos años del inicio de la lucha por la Independencia y cien de la no terminada Revolución, y no se ve por ninguna parte la emoción, la alegría, el despliegue emotivo de autoridades y ciudadanos por estas magnas celebraciones, uno que otro chispazo en algún municipio perdido en la geografía mexicana o en alguna ciudad que trata de cumplir con dignidad con estas grandes fechas.
No es neceario ir muy lejos por las respuestas. Parece que nadie le importa y a quienes importa no tienen más recursos que pronunciar nombres y hechos heroicos en el semisilencio y la penumbra, pues las autoridades, especialmente el Gobierno Federal, algunos estatales y municipales, no tienen el menor interés en que se destaque y se haga vibrar el impulso nacionalista y los justos orgullos por nuestras viejas luchas.
Así el Gobierno denigra y distorsiona el pasado para cerrar las puertas al futuro digno y creativo, propio, que merecen las nuevas generaciones.
Es, definitivamente, el peso y el paso de la antipatria que distingue a quienes tienen, transitoriamente, el poder.
Millones de niños y jóvenes están listos para presentar y desarrollar trabajos alusivos en sus escuelas, sus profesores tienen que guardarse sus proyectos y programas para la celebración destacada, no existen indicaciones específicas de la Secretaría de Educación Pública Federal o estatales para celebrar en grande, con plena conciencia cívica, estas grandiosas fiestas, sólo algunos maestros rurales o municipales se atreven a desafiar esa actitud del gobierno federal y enseñan a sus alumnos, en sus humildes y reducidos, pero muy dignos ámbitos, lo que significan estos Bicentenario y Centenario.
Recientemente, en una comida de españoles-mexicanos, sentí coraje cuando estos buenos amigos afirmaron que estaban listos para celebrar las fechas nacionales, pero “no veían claro” ante el silencio y criminal indiferencia de las autoridades mexicanas. No pude permanecer callado y volví a soltar la indignación contra el Gobierno antipatriota que actualmente sufrimos.
Hace poco Felipe Calderón dijo a Embajadores y Cónsules que “hablen bien de México” en el extranjero, lo cual es otro grave contrasentido, pues no se puede hablar bien del país que, cuando menos ahora, anda mal, además de que todo el planeta tiene información al segundo de las situaciones negativas, mentiras y contradicciones en que está hundido nuestro querido México.
Es evidente que con la mitad del interés que le dan los matrimonios gay, o a las relaciones del clero político católico con los ortodoxos, los despreciables manejos políticos, las alianzas perversas y todos los demás menjurges de “la actualidad”, habría tiempo y recursos suficientes para recordar con dignidad y acierto a los héroes y a las luchas que merecen nuestro respeto.
Se acepta que la historia puede estar mal escrita y que es necesario el debate sobre hechos y personajes, pero no deben ser olvidados jamás, o distraer la atención con libros, películas y comerciales sin sentido que solamente sirven para que se malgaste el dinero del pueblo, o convertir de la noche a la mañana en grandes historiadores a comentaristas o escritorzuelos de medio pelo, y no hablo por la herida por que lo mío, mis trabajos, se han publicado y se editarán en breve otros más y no dejo de impartir pláticas y conferencias en diversas ciudades y municipios, donde late en verdad el corazón de la patria agredida.
EL OCCIDENTAL da testimonio fundamental de la convicción y del esfuerzo.
Tal vez tengan razón amigos contestatarios cuando se preguntan: ¿cuál independencia vamos a celebrar. si estamos más sujetos que nunca a los dictados del imperialismo, de la corrupción y del delito…? ¿Cuál Revolución se hizo si la de 1910 fue traicionada y ya no existe?, a lo que no podemos quedarnos callados y reiterar que, en estos tiempos de supuesta paz, esta actitud deleznable es claro ejemplo de que vivimos en la traición y estamos en manos de antipatriotas.
Pero el fuego no está totalmente consumido, aún arden brasas y flamas de las luchas libertarias, resuenan los ecos de las campanas de la libertad que tendrán que subir de tono y tocar a vuelo, no están terminadas las luchas y los compromisos de los mexicanos por su bienestar con dignidad y con independencia forman una larga lista de objetivos pendientes.
Hace cien años Porfirio Díaz celebraba con pompa, lujos y derroche el Centenario de la Independencia, cuando el pueblo se preparaba para el gran estallido social y violento del 20 de noviembre que costó un millón de muertos. Este tiempo ¿es diferente?. Muchos estamos en la trinchera, cada quien con las armas que le da la propia vida y sus convicciones.
Lo reitero, también es una forma de combatir lo malo, la traición y la antipatria “El Bien Decir… para el Bien Hacer”.
*Periodista, Historiador y Poeta. othon.villela.l@gmail.com











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