Viernes 3 de Septiembre de 2010, 23:05
 

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Obama y la decepción

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Para mi amigo,
Rubén López Córdova,
en su terrible dolor,
al despedir a su compañera.

La decepción depende de la expectativa. Si alguien no espera mucho del otro, no importa que lo traicione o abandone. Pero si uno fija sus esperanzas y hasta su futuro en una persona, y ésta le da la espalda, lo recordará por siempre como un traidor.

No respetado lector de Rumbo de México, no dedicaré estas líneas a las relaciones interpersonales o amorosas. Tampoco intentaré hacerle la competencia a Miguel Ángel Cornejo. Me refiero a la relación entre políticos y gobernados.

Millones se sintieron traicionados y abandonados por Vicente Fox, porque suponían que el personaje que sacó a patadas a los priístas de Los Pinos sería el mismo que transformaría la Nación. Pensaban aquellos ilusos, que ahora están desilusionados del primer panista en el poder, que sacaría a millones de la pobreza y que la calidad de vida, de los que aquí vivimos, mejoraría.

Supusieron que irían a la cárcel los corruptos y que las prácticas tramposas en la cúpula del poder desaparecerían, en lugar de promoverlas y solaparlas. Hasta creyeron que se iniciaría la democracia y que la voluntad de un solo hombre quedaría en el pasado, pero al ver la intentona del desafuero, hasta los que votaron por el de Guanajuato, sufrieron de urticaria.

Los que tacharon la boleta encima del logotipo del PAN apostaron a que la calidad educativa sería la columna vertebral del gobierno que se inició en el 2000, pero se quedaron como novia de pueblo: el esposo de la señora Martha se alió con Elba Esther Gordillo.

Lo mismo está pasando en los Estados Unidos: el primer año del mandato de Barack Obama coincidió con un año negro para el poder adquisitivo de los estadounidenses. En particular los inmigrantes latinos y de color.

Los salarios cayeron en estos últimos 12 meses alrededor de 2 por ciento y decenas de miles perdieron su empleo. Las redadas migratorias en las urbanizaciones de mexicanos aumentaron y el racismo creció, según los últimos reportes oficiales, al contrario de lo que se esperaba después de que rindió protesta en la Casa Blanca un negroide.

La popularidad del sucesor de Bush está por los suelos, si se parte de la simpatía que tenía hace apenas 365 días: el 48 por ciento de los estadounidenses asegura que Obama es un fracaso.

Eso sí, dos tercios de la población norteamericana supone que tiene aún oportunidad de salir adelante. Y la desilusión crece más allá del río Bravo porque los gringos únicamente creen en un 27 por ciento en sus legisladores. Es decir, 73 por ciento no tiene una opinión favorable de sus representantes.

Sus defensores aseguran que tomó la oficina oval en el momento menos propicio, y que ha hecho esfuerzos impresionantes en materia de economía, salud y política exterior.

Pero sus detractores son prácticos y sencillos, al preguntar ¿cómo recibe el Premio Nobel de la Paz un hombre que financia guerras?

En fin, las promesas incumplidas por Obama y el Nobel que presume en una pared de su oficina ya nos dieron al mundo una idea de quien es el hombre más poderoso del planeta: un típico gobernante de la avenida Pensylvania, sin importar partido, ideología y color de piel.

gustavo@libertas.com.mx

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Una Respuesta a “Obama y la decepción”

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