Una Suplica
Una vez concluido 2009 entre lágrimas, dolor y sangre, como a todos, miserables, pobres, ricos y multimillonarios, nos consta, qué podemos solicitar para el presente, amén de lo que nos ofrece, como todos los años a su inicio, don Felipe Calderón Hinojosa. Esta fecha, “Día de Reyes”, es propicia para agendar paz, tranquilidad, salud, Con base a ello viene el resto: El cumplir como ofreció con México.
No obstante, en lo personal y creo que hablo por muchos, muchos padres de familia; por todos ellos, perdónese la vanidad, hago una súplica devotamente:
Dame, Señor, un hijo que tenga la fortaleza de reconocer cuando ha flaqueado. El valor de encararse consigo mismo cuando tema. Que lleve alta la frente en la honrada adversidad de la derrota. Que sea modesto y benigno en la victoria,
Un hijo que no se contente con desear en vez de realizar. Que te conozca a Ti, y sepa que en conocerse el hombre a sí mismo está el fundamento del saber.
No lo guíes, Señor, por las sendas de la comodidad y el regalo, sino por aquella en que las dificultades son acicate y reto para vencerlas. Déjale que aprenda a arrostrar las tempestades; a compadecerse de los que flaquean y fracasan.
Dame Señor, un hijo de sano corazón y altos propósitos, capaz de dominarse él mismo antes de querer dominar a otros. De penetrar en lo porvenir, sin desentenderse jamás de lo pasado.
Y después de haberle concedido todo esto, imploro de Ti le concedas por añadidura esa festiva disposición de ánimo que lleva a proceder con la humildad y la sencillez, compañeras de la verdadera grandeza; la amplitud de criterio propia de la verdadera sabiduría: la mansedumbre de los verdaderamente fuertes.
Porque entonces, Señor, yo, el padre de tal hijo, me atreveré a decirme calladamente: “No he vivido en vano”.
Pero aún quiero solicitarte a mis escasos apenas ochenta años:
Que en mi vida sea humilde y bueno, en tal forma, que tenga siempre la conciencia limpia. Y la honradez sea costumbre como norma. No permitas jamás que por las noches mi reposo se sienta perturbado, al contemplar los rostros afectados de los que, sin desearlo, haya lastimado
Concédeme que honestamente pueda ganarme a diario mi sustento, hacer el bien y no el intento. Corregir mi conducta si he fallado para que pueda ver de frente a mi esposa y a mis hijos, sin temor a vergüenzas y reproches.
Así, con estas bendiciones que te pido, Señor, pueda seguir tan campante mi camino Para que al final de la jornada, otros ochenta años, no lo dudo, nadie se asombre, que esposa, hijos y amigos recuerden que en la cripta, mis cenizas tengan como epitafio, solo cuatro palabras: “Aquí yace un hombre”
carlosravelogalindo@yahoo.com.mx
6. enero 2010 | Sección:
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