Desesperación y desvergüenza
1. Febrero 2010 | Sección: Alfonso Fernández de Córdova, En la Opinión de..., Por un momento- Los Partidos Buscan Alianzas Insanas, Incongruentes y Antidemocráticas
- Sólo Demuestran Debilidades y la Incuestionable Pérdida de Militantes
- Los Mismos Intereses Mezquinos se Encargan de Hacerlas Fracasar
- Sólo el Pueblo Hace y Deshace a sus Gobiernos y a su Democracia
Hay partidos políticos que perdieron tanta credibilidad entre sus militantes que, con ello, fortalecieron a otros institutos. Esto explica que avizoran nuevas perdidas electorales en las próximas elecciones para renovar gubernaturas, diputaciones locales y presidencias municipales en varias entidades del país, en el 2010, 2011 y la presidencial y legislaturas federales en el 2012.
Al perder la confianza en sí mismos cayeron en la desesperación y desvergüenza. No podía ser de otra manera. Antes olvidaron a sus bases militantes, a los que realmente forman un partido político, debido a la cerrazón y mezquindades de los grupos dirigentes y líderes emergidos de las elites partidistas, que vieron y ven en la lucha política sólo sus intereses personales o particulares. Esto ocasiona la desbandada de los afiliados y simpatizantes. Algunos optan por irse a otros partidos y la mayoría prefiere engrosar las filas del abstencionismo y el desinterés en todo lo que suene a política.
Triste, pero cierto. Eso le ocurrió al PRI, que orgulloso de su pasado se olvidó de la enorme militancia en los sectores campesino, obrero y popular, que le dieron vida, fuerza y hegemonía a lo largo de siete décadas. Caro pagó el descuido, lección o experiencia. Salió de Los Pinos, en el año 2000, perdió millones de sufragantes fieles y leales. Se resquebrajó su estructura política en las 32 entidades de la República Mexicana, al caer estrepitosamente gobiernos y legislaturas, y principalmente los escaños en el Congreso de la Unión, en congresos estatales y en todas las dependencias oficiales de los tres poderes centralizados en el Distrito Federal, los organismos públicos descentralizados y paraestatales. Obviamente, al perder presupuestos, la debacle económica impidió sostener las redes de representaciones distritales, regionales, estatales y federales que había creado. Casi todo se derrumbó.
Pero el PRI no murió. Ahí fue donde muchos se equivocaron, hasta los más picudos políticos. Se autogestó una depuración y muchos prefirieron autojubilarse y desaparecieron. Las instituciones se sacudieron y resistieron el cambio político.
Afortunadamente, el sistema político mexicano construido a lo largo de dos siglos, desde el inicio de la Independencia Nacional, instaurado el Estado en 1824, restaurado con la Reforma en 1856-57, restablecido en 1867 y reconstituido con la Revolución de 1910, conformó lo que connotados politólogos, sociólogos e historiadores mexicanos y extranjeros definieron como un sistema político monolítico y sui géneris, porque es de una sola pieza y, a la vez, hecho con la participación de todo el pueblo y sus respectivas clases sociales. Único, por su unidad e identidad nacional, plural con su composición mestiza y de libre pensamiento. Ese todo se condensa en la nación actual, moderna.
Tenaz, incansable en las luchas libertarias, el mexicano ama a su tierra, a su gente, a sus raíces indígenas, a su pasado histórico, hace su presente y, pacientemente, hila el porvenir.
Esta reflexión tiene vigencia ante los desesperados y vergonzantes esfuerzos del púber político César Nava, presidente del Partido Acción Nacional, quien pretende mezclar “el agua con el aceite” en el ambiente político al impulsar una alianza electoral PAN-PRD para derrotar al PRI en futuros comicios en Oaxaca, Hidalgo, Durango, Tamaulipas, Puebla, Guerrero y otras entidades.
Falló en el cálculo del costo político para su partido y para él, confundió lo que son y deben ser las alianzas entre los institutos políticos. Su propuesta es inviable, insana, incongruente y antidemocrática, porque no consultó a los cuadros de su partido, quienes lo hacen y conforman, a quienes en una u otra forma integran los órganos directivos y consejo político nacional y, en primera instancia, a la asamblea general del partido. A los veteranos, experimentados y distinguidos ex dirigentes nacionales, a las jóvenes y los jóvenes que son mayoría, a los profesionistas y a la clase media que le dan brillo a la membresía panista y que ha sido significativa desde su fundación en 1939.
Esta aberración e insolencia juvenil y política de César Nava ya recibió fuerte crítica de los más destacados panistas, entre ellos: el ex presidente Vicente Fox, Manuel Espino, ex presidente del PAN; Diego Fernández de Cevallos, ex diputado y ex senador, y otros personajes blanquiazules que se sienten sorprendidos, molestos, indignados porque no sopesó los principios y plataformas del partido frente a una alianza con un partido acérrimo enemigo en el dogma y en la praxis política, ofendidos y agraviados por dirigentes del PRD.
Una encuesta realizada por el diario Excélsior con el público en general reveló que el 54 por ciento rechaza dicha alianza y se elevó al 59 por ciento, cuando específicamente los encuestados afirmaron que una supuesta alianza PAN-PRD no sería confiable para el elector; que les interesaría más los puestos o cargos públicos que las ideologías y que confundiría a la gente por no saber de quién sería la propuesta o plataforma de gobierno, sin pies ni cabeza.
Además, el PRD ha dejado claras muestras de que sus métodos y prácticas son: violentas, insultantes y antidemocráticas. El PRD debe un desagravio público y nacional tanto a los ciudadanos del país, como a las instituciones, al Congreso y a la investidura del Presidente de la República. Es una deuda política que tarde que temprano tendrá que pagar. No se olvidan los desmanes del 2000 y el 2006. Está marcado, al grado que desertaron más de tres millones de perredistas en los últimos seis años. Ahí están las estadísticas electorales.
Por último, la desaprobación a dicha alianza también se registró en los otros cuatro partidos políticos de oposición, agudizada por la opinión de los mismos aspirantes a las gubernaturas que estarán en juego en las elecciones de este año. Los del PAN y los del PRD no quieren ceder y, por ello, la supuesta alianza ya se cuarteó en varios Estados y hasta el momento, uno de febrero de 2010, no hay nada concreto. En cambio todo hace suponer que el único que saldrá fortalecido y beneficiado será el PRI, porque la virtual alianza electoral “va contra natura” y dará paso a las alianzas legislativas, que más interesan en la praxis política de los debates de las reformas económica y social, que tienen prioridad antes de la política y la energética.
Las alianzas muestran la desesperación y desvergüenza de quienes perdieron votos en algunos estados federativos y temen al que discreta y calladamente los atrajo, con ello, se reposiciona día a día en el panorama político. Puede afirmarse ya desde ahora que el electorado tendrá la última palabra y su decisión dará el triunfo a quien mejor se prepare, aglutine simpatías y resulte más eficiente y pragmático. Cada partido, por separado, obtendrá lo que se merece. ¡Al tiempo, ya veremos!










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