Misiva
“No valdría la pena escribir libros, si no fuera para poner
en ellos algo que no existe en nuestra vida”: F. Nietzsche
El manuscrito lo encontré en la basura.
Traía una fecha. No era antigua: 18 de marzo de 1985. En esa bolita de papel se hablaba de la amistad, de recuerdos, de sueños y de olvido. No tenía fin por que no estaba completo.
Concluía con puntos suspensivos.
Estaba escrito a mano y en papel revolución. Eran tres pequeños trozos que rodaron quién sabe cuánto tiempo y, Dios sabe qué distancias.
La carta era pequeña. Estaba dirigida a un hombre. Un hombre que no dice nada: Francisco Navarro.
Servirá de algo reproducirla:
Amigo.
Han pasado los años y el silencio lo quiero romper en este instante. El hombre no puede sólo vivir sin recordar. Hay pasos que han quedado marcados y es necesario voltear a verlos y recogerlos.
Las distancias no pueden ser obstáculos para entrelazar uno a uno los recuerdos, los días de gloria, fracasos y alegrías. Todo ha quedado atrás. Sí, tú sembraste y cosechaste. Has dado fruto en la lejanía.
¿Y la amistad? ¿Dónde ha quedado?
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos miramos… Estabas tan cambiado, tan ausente. Tan sin cariño, tan sin recuerdos.
Te vi y no te reconocí, Me asustó tu olvido.
¿Dónde quedó aquella amistad?
Te acuerdas de mi viejo Juan, mi padre. Nos enseñó que “el que siembra rocas siempre cosechará rocas”. Pero, tú y yo nunca hemos recogido lo sembrado, porque las semillas que utilizamos, las lanzamos en los lugares menos adecuados y se han secado.
Tal vez en este instante, cuando leas estas líneas, sientas la misma opresión que tengo en el pecho. Esa es la pequeña flamita que nos ilumina todavía.
¿Te acuerdas de los tiempos idos? ¿Los cines, los paseos, los bailes, los deportes, las lágrimas y las carcajadas que compartimos?. Quiero decirte que todavía hay quienes por ti me han preguntado. ¿Y tu amigo? Te juro que no sé qué responderles.
Por mi parte, Toda la vida he sido una rara mezcla de contradicciones. Dureza y compasión. Intuición y lógica. Calma e impulsividad y, lo principal, ganado más de lo perdido. Mucho más.
El trabajo no me agota, me revitaliza y me da fuerzas para seguir luchando. La actividad es el motor de mi vida. ¿Triunfo? ¡No hay tal en estos tiempos!; Sólo sobrevivir.
Vivir y disfrutar.
He sabido saborear cada grano del tiempo. El amor es mi estampa y vivo para él. El escorpión mi signo. No sé mentir, según dicen los astrólogos.
Te di mi mano siempre. Adiós, hermano…”
El viejo y roto manuscrito, ahora lo guardo en el baúl de mis recuerdos. Pero, que lástima que no sepa quién le escribió a aquel amigo.
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15. Febrero 2010 | Sección:
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Que hermosa carta, comparto el sentimiento de esta bella expresion de amistad y sensibilidad, sobre todo en el punto en el cual expresa; ¿triunfo? !no hay tal en estos tiempos! solo sobrevivir. Pues ahora no ha cambiado nada, ni cambiara por el estrangulamiento economico al estamos sometidos, sin embargo si hay triunfo, para quienes viven y trabajan con dignidad y pasion.