Jueves 9 de Septiembre de 2010, 08:32
 

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El FMI con las mismas recetas por los siglos de los siglos…

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José Luis Ortiz Santillán

La crisis económica internacional tiene nuevas víctimas, otras que los ciudadanos de Latinoamérica; sin embargo, los verdugos y las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) siguen siendo las mismas aplicadas en los años ochenta en América Latina, con los mismos efectos sociales, al margen del objetivo de buscar restablecer los equilibrios macroeconómicos perdidos por la crisis.

El plan de ajuste en Grecia ha impuesto una enorme austeridad al gobierno griego de George Papandreu, bajo la concertación del FMI y le UE, a cambio de los 110 mil millones de euros, 126 mil 990 millones de dólares, el cual está dispuesto a instrumentar hasta las últimas consecuencias, pese a que trabajadores y funcionarios públicos lo consideran injusto, criticando a la burocracia que, para ellos, se ha enriquecido durante años robándose el dinero público que tenían que pagar a sus acreedores, haciendo que las manifestaciones se tornen más violentas, afectando al sector turístico que durante años ha aportado más del 20% del PIB griego.

La crisis griega ha provocado que los europeos se dividan frente a la crisis y inyectando desconfianza de los mercados financieros, pulverizando a la moneda única europea, el euro, que en menos de dos años ha pasado de 1.60 dólares por euro a 1.20 y perdido prácticamente un cuarto de su valor frente al dólar.

Hoy todos los que se habían refugiado en la moneda única europea tratan de deshacerse de ella, profundizando su devaluación, debido a la desconfianza que persiste sobre la salud de las finanzas públicas de los países de la Unión Europea. Países como Francia, se han propuesto eliminar 100 mil puestos de funcionarios públicos al 2011, con el fin de llevar el déficit público de 6% del PIB al 3%, y tratan de sanear sus finanzas públicas, como lo están haciendo España, Portugal e Italia, con economía más débiles.

Pero si los tiempos han cambiado, en un mundo globalizado que exige mayor coordinación de las políticas macroeconómicas, como parecen entenderlo finalmente los europeos con la aprobación del plan para Grecia y las medidas adoptadas para evitar que se repita esa situación, las recetas siguen siendo las mimas.

En los años ochenta el FMI aplicó programas de ajuste en los países en desarrollo como México, con el fin de restablecer los desequilibrios provocados por las crisis cíclicas; fueron programas de asistencia financiera condicionados a la puesta en práctica de medidas de política económica basadas en la idea, de que los desequilibrios externos debían financiarse a partir de la reducción de las reservas brutas de divisas, el aumento del volumen de la deuda externa que aún no había sido pagada y de los plazos del pago de la misma. De este modo, para corregir los desequilibrios externos de esta política se utilizaría medidas de ajuste.

Así, la deuda externa de México que en 1980 era de 50 mil 700 millones de dólares y de 86 mil 110 millones en 1982, año de la crisis de la deuda que hizo temblar al mundo financiero, pasó a 92 mil 940 millones de dólares en 1983 y a 169 mil 800 millones de dólares en 1995, después de los errores de diciembre de 1994.

El mecanismo del ajuste económico del FMI, desde el punto de vista de la política interna, estaba destinado a producir una expansión de las exportaciones y una contracción sustancial de las importaciones, con el fin de reducir el saldo negativo en la cuenta corriente de la balanza de pagos con la obtención de financiamiento externo.

Para el FMI había dos alternativas de actuar en un país, dependiendo que los desequilibrios fueran reversibles o permanentes. Sí estos eran reversibles, proponían el financiamiento del déficit de la cuenta corriente, en el caso contrario, la aplicación de un programa de ajuste. Así, los ochenta se caracterizaron por la aplicación sistemática de los programas de ajuste en la mayoría de los países latinoamericanos, como única alternativa para resolver los desequilibrios provocados por la crisis, condicionando la ayuda financiera a su estricta aplicación.

La lógica de esa política se basaba en que el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, solo era posible financiarlo en la medida en que se promoviera el crecimiento económico y de los ingresos; mientras que por otra parte, se trabajara en reducir el consumo privado, la inversión y el gasto público, en tanto que la restricción de la economía era financiada por el ahorro externo, lo que a la larga significaba más endeudamiento, pulverizando las reservas internacionales; así las de México, por ejemplo, al 22 de diciembre de 1994 apenas llagaban a 4 mil millones de dólares; por lo que sí se quería reducir el déficit en cuenta corriente era necesario aumentar los ingresos públicos y reducir el consumo privado, el gasto e inversión públicas, con consecuencias negativas para los ciudadanos en educación y salud.

No es de extrañarse que en Grecia las medidas de austeridad impuestas por el FMI, provoquen la reacción de los sindicatos, que continúan protestando contra los recortes salariales y el aumento de los impuestos, pues el programa de ajuste está hecho para que los países paguen sus deudas con el exterior, al margen de sus efectos sobre los ciudadanos.

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